sábado, 23 de abril de 2011

1950 Sensualidad (Alberto Gout)








CREDITOS
patiodebutacas




Reparto:
Fernando Soler, Ninón Sevilla, Domingo Soler, Rodolfo Acosta, Andrea Palma, Rubén Rojo, Andrés Soler



Sinopsis:

El severo juez Alejandro Luque se ve tentado por la sensualidad encarnada en Aurora Ruiz, una prostituta que él condenó a prisión y que ha logrado obsesionarlo. Cegado por la pasión, Luque cometerá una serie de delitos con tal conquistar a la cruel cortesana, sin importarle sacrificar toda una vida de rectitud.
















Comentario:

Película No. 43 dentro de las mejores del cine mexicano según la revista Somos
Melodrama de Cabaret que al igual que Aventurera, fue un género que se creo y se desarrolló en nuestro país. 
Permitamos que nos ilustre el gran Gafapasta:
Sensualidad, protagonizado por la cubana Ninón Sevilla, es un melodrama desopilante donde todos se odian, se aman, se abandonan y reconcilian, se mienten, se dicen la verdad, se golpean porque se aman aunque en el fondo se odien (con marcha atrás y viceversa incluida) se viven y se beben como veneno puro, y al fin se mueren o los mueren, variedad del matar muy arraigada en la mentalidad popular del mexicano. Sensualidad es un melodrama musical, colmo de la bizarría y lo disonante, que arraigó firmemente en un contexto propicio: el cine de cabareteras que a finales de los años 40 arrasa en México, y que podríamos sintetizar en mucha música, suficiente pierna, poco cerebro y demasiado corazón.

El placer que se siente al ver esta cinta no es un placer siempre de los sentidos o del intelecto, es un placer brutal que nace de las vísceras, casi mortificador, que tiene más que ver con el tremendismo y la morbosidad retorcida con que son tratadas las relaciones sociales o familiares cuando éstas se ven afectadas por una pasión enfermiza y destructiva como un cáncer. Si debiésemos buscar alguna clase de parangón moderno para comprender la fuerza de una película como Sensualidad deberíamos pensar en el melodrama almodovariano a lo bruto, sin refinamientos casi, y sin la construcción perfecta que a veces tienen los guiones de Almodóvar. Comparten los personajes estridentes y los destinos marcados como cartas fatales.

El cine de cabareteras, llamado también de rumberas, fue un reflejo de la efervescente realidad mexicana de aquellos años, en que los cabarets y su alegre fauna, llena de lenones y de chicas de alterne, que pronto fueron trasladados a las pantallas en proporciones industriales: sólo en 1950 fueron estrenadas cincuenta películas de estas características. Destacaron en el género figuras como Agustín Lara (reinventando su vida, inventando su leyenda), José G. Cruz (genial autor de cómics, actor y guionista para los filmes de Juan Orol), exóticas rumberas de cuerpos rotundos como Tongolele o Rosa Carmina. Destacaron sobre todo Alberto Gout como director de Ninón Sevilla, quienes con Aventurera (1949) y Sensualidad (1950) alcanzaron el mejor equilibrio posible entre un cine industrialmente bien hecho y el melodrama excesivo tan del gusto de la época, lleno de giros argumentales y reconocimientos familiares inverosímiles, todo ello sazonado con excelentes temas musicales y números de baile que en no pocas ocasiones se rodaban en los legendarios cabarets de la época.

El director Alberto Gout (1907-1966) creció entre México y Los Angeles, donde comienza a introducirse en el mundo del cine. Tras su regreso a México en 1933 se incorpora a la industria como maquillista en filmes como La llorona (1933), y ya con crédito, en películas como La mujer del puerto (Arcady Boytler, 1933) o Refugiados en Madrid (Alejandro Galindo, 1934). Gout debuta en la dirección con Su adorable majadero, y desde esa fecha hasta 1946 su cine deambulará entre la comedia y el género histórico. A partir de 1946 comienza a dirigir películas de rumberas, donde dirige a las actrices más destacadas de la época y se especializa, sobre todo, como el mejor director de Ninón Sevilla, con quien inicia su colaboración en Aventurera (1949), película destacable con algunas escenas antológicas que causó cierta sensación dentro y fuera de México.

Sensualidad nos cuenta la historia de Aurora (Ninón Sevilla), una bailarina de cabaret que decide vengarse del juez (Fernando Soler) que la envió a presidio durante dos años por intentar desvalijar a cierto panoli con la ayuda de su chulo o padrote (el excelente actor Rodolfo Acosta). Una vez en libertad, esa mezquina sombra que es el destino la vuelve a poner en el camino del recto juez, a quien enamora y engatusa hasta hacerle ganar el sexo y perder el seso. Una vez conquistado y abandonado por la mezquina Aurora, el juez degenera hasta el extremo llegar a robar y matar para recuperarla.

Toda la película gira, por lo tanto, en torno a la come-hombres interpretada por Ninón Sevilla con desenvoltura, fuerza expresiva y buenas dosis de cínica vulgaridad. Ninón Sevilla (La Habana, Cuba, 1926) fue una de las grandes musas del cine de rumberas, y su permanencia en el cine duró mientras este género fue posible por el contexto de permisividad social de la época. Entre 1946 y 1955 interviene en siete películas, hasta reaparecer en 1981 en personajes maduros, alejados de aquel cine que la hiciera famosa. Bailarina de garra y poderío, lo cierto es que Ninón Sevilla no va a ser más ella que cuando baila en los dos números musicales con los que consigue su mayor lucimiento en esta cinta.

Escrita por el español Álvaro Custodio, los méritos técnicos de la película y sus logradas caracterizaciones convirtieron la película en un éxito que traspasó unas fronteras que nadie pensó rebasaría: la película se estrenó en Francia, donde obtuvo el reconocimiento de buena parte de la crítica. El cine de rumberas, tan propio de México como lo sería años después el de luchadores enmascarados (pero éste con una calidad actoral y cinematográfica ínfima) alcanzaría en algunos años la atención de muchas plumas especializadas, y el mismo François Truffaut, todavía crítico de Cahiers du Cinéma, escribiría un dossier sobre este subgénero exótico exclusivo de México y tan empapado en sudores como en lágrimas.

Versión rumbera de El ángel azul, no hay que extenderse mucho en explicar que carece de casi todos los méritos estéticos y actorales de la película célebre de von Sternberg, con una sola excepción: los dos números musicales de Sensualidad (La media naranja y Dixie Mambo) son mucho mejores que los del clásico del cine alemán, y Ninón Sevilla, que no era ni peor ni mejor actriz que la Dietrich porque ambas se hallaban en registros muy distintos y ninguna de ellas era, en sentido estricto, actriz, compone en Sensualidad a una mujer fatal mucho menos maquiavélica y cerebral que la Lola-Lola de Sternberg, pero sí más bestezuela y tropical: Aurora es una come-hombres, una fulana terrible con unos modales tormentosos y una boca de arpía. Visceral y atormentadora, Aurora es una María Félix de los congales que revive en antros llenos de humo y sin glamour el masoquismo del machismo extremo de ese hombre atormentador de esposas castas que tiene que acabar encontrándose con la horma de su zapato en la mujer que le haga garras y le obligue a morder el polvo por un polvo. No pocas veces fue comparada Ninón con Marlene, pero Ninón era más temperamental que maquiavélica. Convertida ya en una celebridad internacional, se sabe que en París ganó un concurso de piernas: las de Ninón fueron más celebradas que las de Marlene y Ginger Rogers.

Sensualidad es una película cuidada con una excelente fotografía de Alex Phillips y una envolvente y conseguida banda sonora de Antonio Díaz Conde. Es un film muy divertido y nada realista (o eso espero con alivio) que retuerce las reglas del melodrama hasta hacerlas llorar de dolor y reducirlas al absurdo en su concatenación de perrerías, maldades, ardides de baja estofa y desgracias. Al contrario de la optimista comedia musical hollywoodense, en el melodrama cabaretero mexicano hay pesimismo innato y una sombría visión de la vida como valle de orines más que de lágrimas. Los personajes vienen malditos o se maldicen a sí mismos durante el transcurso de la película. Tiene, eso sí, ese aire serio y cuidado de la obra que quiere complacer con decorosidad y buen gusto estético, sin disonancias de mal gusto técnico: un bello tema que da título al film, unos números musicales exuberantes y cuidados, unos actores que ejercen muy bien su papel (el excelente Fernando Soler, acompañado por sus dos hermanos, interpreta sin excesos a este juez incorruptible y estricto que acaba por ser víctima de su incorruptibilidad), y unas ambientaciones bien cuidadas. La película comienza in crescendo, con la pérfida Aurora corriendo para salvar su vida. Oculta en el rincón de un desván, tiembla huyendo del brazo de su Némesis con pistola, un primer plano encadena sus ojos con un flash-back que nos introduce en las lágrimas, risas y amor de este delirio todavía delicioso, y quizá, hoy más todavía que cuando se filmó, por cuanto hoy tiene de museo, de sublimación tropical, de moralmente incorrecto, de chulo y de barriobajero.








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